Éfeso

Cerca de la actual población de Selçuk se encuentran una de las ruinas más impresionantes de toda Turquía y, en general, del Mediterráneo: la ciudad de Éfeso.

Esta ciudad, que prosperó principalmente bajo el Imperio Romano, remonta sus orígenes hasta el siglo XI a.C., habiendo dado al mundo griego uno de los más grandes filósofos clásicos, Heráclito.

La importancia histórica de la zona es indiscutible: albergó una de las siete maravillas del mundo antiguo (el Templo de Artemisa), una de las siete iglesias de Asia nombradas en el Libro de las Revelaciones de la Biblia, fue el sitio donde pasó sus últimos años San Juan (y, según dicen, también la virgen María), e incluso fue el punto de partida de la flota que Marco Antonio y Cleopatra comandaron en su famosa derrota frente a Octavio en Actium.

El Gran Teatro romano, de casi 2000 años de antigüedad, fue construido aprovechando la ladera de una colina.

Con capacidad hasta para 25000 personas, aún se usa en ciertas representaciones. Es una construcción realmente espectacular.

El Templo de Adriano, de estilo corintio, es una de las atracciones de la ciudad.

Detalle de Medusa en el Templo de Adriano.

El símbolo de la ciudad es, con razón, la impresionante Biblioteca de Celso. Construída a principios del siglo II d.C., llegó a albergar más de 12000 pergaminos.

No te engañan cuando te dicen que es una de las mayores atracciones turísticas de Turquía. Su proximidad al mar hace que sea un punto de visita de muchos cruceros.

Las vistas desde el nacimiento de la Vía de los Curetes, con la Biblioteca al final, es alucinante.

La Calle del Puerto llegó a ser la más importante de la ciudad. En el siglo V d.C. llevaba canales y alcantarillado subterráneo, y estaba iluminada por más de 50 faroles, con tiendas y termas a los lados y columnas triunfales en ambos extremos. Sin embargo, el retroceso del mar en los primeros siglos de nuestra era marcó el comienzo de la decadencia de la ciudad. Actualmente la costa se encuentra en Pamucak, a unos kilómetros al oeste.

Las Casas de los Patricios son, después de las de Pompeya, las casas romanas mejor conservadas del mundo. Aunque hay que pagar una entrada aparte, vale la pena verlas, con las paredes aún pintadas y los suelos llenos de mosaicos.

Ahora bien... Éfeso en agosto one more time? ¡Jamás!

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