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Capadocia (parte 2)

Una de las atracciones de la Capadocia son las conocidas como Chimeneas de Hadas. Estas formaciones están originadas por la combinación de una capa superficial de dura roca volcánica (de tipo basáltico) con una capa subsuperficial de terreno poroso formado por cenizas volcánicas compactadas. Grietas producidas en la capa superficial hacen que los agentes atmosféricos comiencen su erosión sobre las capas inferiores, quedando una columna protegida por resistente fragmento del basalto superficial.

Chimeneas de hadas en los alrededores de Zelve.

Las chimeneas de hadas adquieren formas de lo más caprichosas.

Toda la región está repleta de estas estructuras, y muchas de ellas han sido utilizadas para construir casas o refugios. En la carretera entre Avanos y Ürgüp se encuentra el Valle de Devrent, con una especial concentración de estas formaciones que hace que se conozca popularmente como el Valle de las Chimeneas de Hadas. Es la parada estándar de los autobuses turísticos, y una de las estampas típicas de la zona.

Típica imagen del Valle de Devrent. Falta un japonés al lado haciendo como que sostiene una de las chimeneas.

En el pueblo de Ihlara se encuentra el comienzo del valle del mismo nombre. Este hermoso valle repleto de vegetación enclavado entre dos cañones rocosos forma un contraste intenso con el árido terreno circundante. Por el fondo del valle corre un arroyo, y las paredes de los cañones albergan docenas de iglesias bizantinas excavadas en la roca que son de visita libre. Hay dos opciones para pasear por el fondo del desfiladero: hacerse la ruta de 16 kilómetros desde el comienzo en el pueblo de Ihlara, o bajar desde el acceso turístico que hay a medio camino por unos arduos 360 escalones pegados a la pared del cañón.

Vista del valle desde la cima del mirador que hay a medio camino de la ruta.

Las paredes están repletas de pequeñas iglesias excavadas en la roca.

Varias iglesias conservan aún frescos en su interior con muchos siglos de antigüedad.

Algunas de las iglesias tienen entradas excavadas en la roca espectaculares.

Cerca del valle de Ihlara se encuentra el Monasterio de Selime, una espectacular área con varios edificios excavados en unas chimeneas de hadas. Estos incluyen una iglesia, cocina, abrevaderos... son todos visitables tras pagar una pequeña entrada (el acceso está incluido con la entrada al Valle de Ihlara, no lo desaprovechéis), y se puede pasear tranquilamente entre ellos si se aprovechan los tiempos entre un autobús de turistas y el siguiente.

El Monasterio de Selime destaca desde la lejanía.
Los edificios excavados en esta zona son espectaculares.
Los interiores de estas chimeneas de hadas tienen estancias muy amplias, de hasta dos plantas de altura.
Se puede subir hasta la misma cima de las chimeneas, aunque hay que tener cuidado con dónde se pone el pie, porque ni hay gente controlando (salvo en la entrada) ni hay medidas de seguridad que te impidan caerte desde varios metros de altura.

Como comentamos en el post anterior, la ubicación geográfica de la Capadocia la hizo ser un cruce de culturas y rutas comerciales durante siglos. Los habitantes de la zona aprovecharon las características del terreno y contruyeron auténticas ciudades subterráneas que usaban como refugio en caso de ataques. En algunas de estas ciudades subterráneas podían subsistir incluso más de 20.000 personas durante meses, y construyeron incluso túneles de varios kilómetros de longitud que comunicaban unas ciudades con otras.

Nosotros visitamos la ciudad subterránea de Kaymakli, de cuyos 8 niveles de profundidad están abiertos al público los cinco primeros. Esta ciudad es un laberinto de cámaras unidas por túneles que parece un auténtico hormiguero humano, y se extiende hasta los 80 metros de profundidad.

La estructura de la ciudad consiste en múltiples cámaras como ésta, unidas entre sí por estrechos túneles.

Se distinguen cocinas, establos o almacenes de grano y vino. Además, el carácter defensivo de la estructura se aprecia en las diversas trampas que siembran los pasillos: puertas rodantes con las que encerrar al enemigo en zonas sin posibilidad de escape, agujeros desde los que arrojar aceite hirviendo o lanzas a los enemigos atrapados en angostos túneles, o canales que forman sistemas de comunicaciones entre cámaras a diferentes alturas.

Con estas puertas circulares encerraban a los atacantes, a los que disparaban por el hueco central o abandonaban hasta que fallecían.

Recomendamos contratar una visita guiada (en la entrada hay guías que por unos 15 euros te dan el paseo, explicándote las zonas a toda velocidad), pues no hay indicaciones en el interior, y el recorrido es bastante laberíntico, además de perderte si no todos los detalles. La visita puede llegar a ser un poco claustrofóbica, pues como te pille un autobús de turistas los túneles pueden llegar literalmente estar atestados. Cuando nosotros la visitamos además se fue la luz de la línea eléctrica que la iluminaba, y nos quedamos completamente a oscuras en cuclillas en un angosto túnel a varias decenas de metros de profundidad durante un par de minutos bastante largos.

En un estrecho túnel como éste nos quedamos a oscuras, sin posibilidad de avanzar ni retroceder por la saturación de gente que había en el túnel. Las risitas nerviosas empezaron a aparecer inmediatamente hasta que finalmente volvió la luz...

En este almacen para tinajas de vino a varias decenas de metros de profundidad nos despedimos de vosotros, sudorosos, llenos de polvo y con ganas de ver ya el sol en la superficie...

Capadocia (parte 1)

Sin lugar a dudas, uno de los lugares más mágicos y exóticos en los que hemos estado es la Capadocia, en el interior de la península de Anatolia.

Paisaje típico de la Capadocia (vista desde el Castillo de Uçhisar).

La rica variedad de poblaciones que se establecieron en la zona va desde los hititas (1800 a.C.), pasando por los persas, los romanos, los bizantinos, los selyúcidas o los otomanos.

La zona se caracteriza por poseer una geología única. El suelo del lugar está formado por un terreno volcánico con una primera capa dura y frágil y un interior más blando y permeable, que tras miles de años de erosión ha adquirido multitud de formas exóticas. Además, el terreno era lo suficientemente blando como para que para los habitantes fuera más fácil excavar la roca que levantar edificios, por lo que la región es un hervidero de cuevas, ciudades subterráneas y templos excavados en las paredes de los acantilados.

Esta combinación de belleza natural y rico patrimonio histórico y cultural ha hecho que fuera incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad en 1985.

En el corazón de la región se encuentra la hermosa aldea de Göreme, una población enclavada entre chimeneas de hadas (en la segunda parte de esta entrada explicaremos más en detalle qué son estas estructuras) y rodeada de hermosos valles excavados en la roca. Aprendiendo a vivir del turismo, esta población se está llenando de hotelitos excavados en la roca y restaurantes de comida rápida. A pesar de ser un pueblo pequeño, tiene bastante bullicio y movimiento a todas horas.

En el centro se encuentra el castillo romano (Roma Kalesi), una chimenea de hadas con un sepulcro romando tallado en la roca.

En las afueras del pueblo se encuentra el Parque Nacional de Göreme, conocido habitualmente como el Museo al aire libre de Göreme. Este conjunto de iglesias, capillas y monasterios bizantinos excavados en la roca es uno de los paisajes más famosos del país, y una visita absolutamente obligatoria. Sus interiores conservan aún hoy unos frescos de siglos de antigüedad que resultan espectaculares.

Rahibeler Manastiri (convento de las monjas), una de las estructuras más impresionantes del Museo al aire libre de Göreme.

Frescos bizantinos en el interior de la Elmali kilise (Iglesia de la Manzana), con unos 1300 años de antigüedad. La imagen de la cúpula central representa al Arcángel Gabriel, y en alguna parte de estos frescos se encuentra escondida una manzana (parece).


El paseo por el Museo al atardecer es impresionante (¡pero ojo que lo cierran!).

Cerca de Göreme se encuentra el más tranquilo pueblo de Uçhisar. El principal reclamo del pueblo es el castillo de Uçhisar, un alto promontorio de roca volcánica repleto de túneles y ventanas. Ofrece una vista soberbia de los alrededores, y subir a ver la puesta de sol desde su cima es una actividad típica entre los turistas de la zona.

Vista del Castillo de Uçhisar con varias chimeneas de hadas alrededor. Es uno de los primeros paisajes que se ven cuando se llega en coche a la Capadocia desde el oeste, y es realmente alucinante.

Sin embargo, el castillo en sí no ofrece nada especialmente interesante y tanto el mantenimiento como la limpieza de la zona deja bastante que desear. Este es el punto más alto de la Capadocia, y la denominación de "castillo" corresponde a su forma, no a que tuviera esas funciones en algún momento.

La subida al castillo es una parada obligatoria para las excursiones organizadas que pueblan masivamente la zona, así que los locales aprovechan para poner sus puestos con mil variedades diferentes de frutos secos en la entrada.

Lo más impresionante del castillo son las vistas de la zona, porque por el interior está bastante sucio y descuidado.

Vistas del pueblo de Uchisar desde el castillo, con el Valle de la Paloma al fondo.


El viaje en coche por la Capadocia puede ser impresionante desde muchos puntos de vista...

Estambul (Parte 2)

Continuamos la entrada anterior de Estambul, y seguimos todavía sin salir del distrito de Eminönü, el corazón de la ciudad situada en el interior de las Murallas de Constantino.

Si en el post anterior nos centramos en la zona de Sultanahmet, el extremo oriental que da al Bósforo, ahora nos trasladamos hacia el interior del distrito, para visitar otros de los lugares más interesantes de la ciudad.

La primera parada es el famosísimo Gran Bazar de Estambul, uno de los mayores del mundo. Este complejo de más de 58 calles techadas e interconectadas recibe casi medio millón de habitantes cada día.

Aunque impresiona un poco entrar a tal tumulto por unas puertas vigiladas por guardias armados, no es tan fiero como lo pintan. Nuestra experiencia es que el grado de insistencia de los vendedores no es tan fuerte como el del Bazar Egipcio, donde sí llega a ser un poco incómodo el simplemente pasear echando un vistazo a las cosas.

En las tiendas, agrupadas por zonas según las mercancías, puedes encontrar infinidad de prendas de ropa, joyas, especias o alfombras.

Lo que son las cosas. Quién nos iba a decir a nosotros que el Gran Bazar estaba techadito, tenía aire acondicionado, vigilancia en las puertas... Infinitamente más cómodo que el Rastro de Madrid.

Muy cerca se encuentra la Universidad de Estambul, que data de mediados del siglo XIX. La madraza (escuela teológica) que se considera como su precursora fue fundada por Mehmet II nada más conquistar la ciudad en 1453 en este mismo lugar.

Portada de la universidad de Estambul.

Situada en los propios jardines de la Universidad de Estambul se encuentra la Torre Beyazit. Esta torre, de 85 metros de altura, fue contruida por el sultán Mahmud II a principios del siglo XIX como torre de vigilancia frente a incendios.

El fuego llegó a ser una importante amenaza para Estambul, y causó numerosos desastres. Tal es así que la actual torre de piedra vino a sustituir hasta a tres torres anteriores de madera que fueron arrasadas en incendios incontrolados o revueltas populares.

En esa época, la ciudad se encontraba permanentemente vigilada por tres torres, la Torre Beyazit, la Torre Gálata y la Torre Icadiye, situadas en elevaciones estratégicas. Cuando se avistaba un fuego, se transmitía la información con un código de cestas (por el día) y lámparas de colores (noche) que inmediatamente informaban el distrito afectado.

Actualmente se usa como torre de vigilancia y como emisora de información metereológica y marítima sobre el Cuerno de Oro.

Caminando hacia el norte se encuentra la hermosa Mezquita de Suleiman.

Una de las más bellas de la ciudad, y la segunda más grande, fue mandada construir por el sultán Suleiman I el Magnífico en 1550 en la cima de una de las colinas de Estambul. El arquitecto fue uno de los más famosos de todo el arte otomano, Mimar Sinan, quien intentó hace una mezquita que comparase en armonía y belleza con la bizantina Santa Sofía.

Inspirado probablemente por los movimientos artísticos europeos (era contemporáneo de Miguel Ángel y Juan de Herrera entre otros), buscó un refinamiento de líneas y una decoración interior sutil y proporcionada. No obstante, con la cúpula más alta hasta la fecha de todo el imperio otomano, recurrió a una concepción arquitectónica totalmente nueva en el arte bizantino: escondió ingeniosamente los contrafuertes necesarios para soportar su peso en las paredes exteriores, usando para ello unas galerías de columnas laterales.

En el jardín exterior puede visitarse el mausoleo de Suleiman I y su esposa Roxelana, así como la propia tumba del arquitecto Sinan.

El edificio sufrió varios incendios y derrumbes, y no fue restaurada a su forma original hasta 1956. Cuando fuimos nosotros (verano de 2008) el interior estaba en obras, y sólo era accesible al público un pequeño ala lateral.

Esta era la única zona visitable por esas fechas. El esquema de colores rojo-blanco nos recordaba a la Mezquita de Córdoba.

Su ubicación en una colina le hace dominar todo el ajetreado panorama de la orilla sur del Cuerno de Oro.

Continuando el trayecto hacia el norte en dirección al Cuerno de Oro nos encontramos con el segundo bazar cubierto más grande de la ciudad, el Bazar de las Especias o Bazar Egipcio.

La palabra turca para Egipto y Cereal es la misma (misir), por lo que no está claro si el nombre le viene por las especias egipcias o por los cereales que se vendían aquí originariamente .

Fue construido como parte del complejo de la Mezquita Nueva, y nuestra experiencia es que es bastante más incómodo (aunque mucho más pequeño que el Gran Bazar). El acoso es bastante mayor, y tampoco se encuentran muchas más cosas que en el otro (salvo que quieras comprar pescado, cosa que no vimos en el Gran Bazar y sí en este). Nosotros hicimos una visita rápida, compramos un par de tipos de curry y salimos pitando esquivando a los vendedores que se te interponían y te intentaban impedir ir en otra dirección que no fuera su tienda.

Foto típica de Estambul. Los montoncitos de colores con infinidad de especias.

Como decíamos, el bazar se encuentra al lado de la Mezquita Nueva, un calificativo que sólo en esta ciudad se le puede aplicar sin sonrojarse a un edificio de más de 400 años de antigüedad.

Iniciada su construcción por un aprendiz de Mimar Sinan en 1597, lo polémico de su ubicación (entonces el barrio era de mayoría judía) y lo costoso de las obras hizo que, tras varios abandonos, la mezquita no se terminara hasta 1665.

Situada estratégicamente en el Cuerno de Oro, justo donde el Puente Gálata une las dos partes europeas de la ciudad, su visión desde el puente con Santa Sofía y el Palacio Topkapi al fondo es un clásico de las panorámicas locales (El Topkapi está a la izquierda, en esta imagen no sale).

El puente sobre el Cuerno de Oro más cercano al Bósforo, que conecta los barrios de Karaköy y Eminönü, es el llamado Puente Gálata.

Este es uno de los lugares más concurridos de la ciudad, y consecuentemente también es donde nosotros encontramos una mayor cantidad de vendedores ambulantes de todo tipo, mendigos y niños acosadores que pueden llegar a ser bastante insistentes.

Se puede atravesar por la parte superior, por donde circulan los coches y se sitúa la miríada de pescadores que aparece por allí todos los días, o por la inferior, una galería repleta de cafés de dudoso precio y/o gusto.

Vista de la cubierta del puente, con el barrio de Karaköy y la Torre Gálata al fondo.

La orilla sur del Cuerno de Oro a su paso por el Puente Gálata es un bullicio constante de vendedores, turistas y barcos-barbacoas. Cuidado con las indigestiones...

Al norte del puente, en el barrio de Karaköy, el panorama se encuentra dominado por la silueta de la Torre Gálata.

Fue construida en por los genoveses en 1348 bajo el nombre de Torre de Cristo, siendo una de las torres de defensa de la ciudadela genovesa que había en la orilla opuesta a Constatinopla. llamada Gálata.

La torre tiene unos 67 metros de altura incluyendo el cono superior, y se encuentra en una colina a unos 35 metros sobre el nivel del mar. La parte superior alberga un club nocturno y un restaurante con unas espléndidas vistas de la ciudad (o eso dicen).

Continuando por el barrio de Karaköy hacia el norte, y siguiendo la avenida que va paralela al Bósforo, nos encontramos con el Complejo Kiliç Ali Pasha, diseñado por un nonagenario Mimar Sinan en la década de 1580. Originariamente estaba en la costa, pero el terreno adyacente se fue ganando al mar y ahora se encuentra rodeado de edificios.

Como la mayor parte de las mezquitas otomanas, el edificio se concibe como núcleo de una institución mayor que contiene un hamam (baños turcos), una madraza (escuela teológica), un mausoleo y una fuente. Muchas otras mezquitas incluían además instituciones de caridad, hospitales o mercados.

El complejo recibe el nombre del Capitán General de la Marina otomana de la época, Kiliç Ali Pasha, de origen calabrés. Gobernador entonces de la Argelia otomana, el propio Cervantes (quién lo conoció durante su cautiverio por los piratas de la Berbería) se refiere a él en Don Quijote como Ucciali, el último gran corsario.

Incluso, el investigador turco Nuri Ileni va más allá, pues tras investigar los documentos fundacionales del complejo afirmó que uno de los esclavos que construyó el complejo fue el propio Miguel de Cervantes. Aunque la falta de más referencias en este sentido no nos deja muy convencidos.

Imagen de la Mezquita, considerada una versión reducida de Santa Sofía, con la Fuente Tophane en primer plano.

Nuestra última parada la realizamos en las cercanías de este complejo, donde se encuentra la hermosa Mezquita Nusretiye.

Alejada de los circuitos comerciales, su estilo barroco la hace única en la ciudad.

Por la noche la vista es impresionante. En lo alto de una colina que baja hacia el Cuerno de Oro, si la conseguís pillar con la Luna justo detrás al anochecer (lástima que fuéramos en coche y no pudiéramos pararnos a hacer fotos), os aseguramos que la instantánea es espectacular. Paco, ¡toma nota!

Además de la omnipresente Wikipedia, para documentarnos hemos encontrado este interesante artículo sobre las mezquitas de Sinan en Estambul.

Estambul (Parte 1)

Sin ninguna duda, una de las ciudades que más ganas teníamos de conocer de todo el planeta era Estambul. Se nos había resistido a un par de intentos anteriores porque no queríamos ir a Turquía sin tiempo de hacer un viaje por el interior del país, así que hemos estado mirándola de reojo hasta que por fin nos cuadraron las fechas.

Solamente los nombres de la ciudad (Estambul, Constantinopla, Bizancio) son tan evocadores, que hay que admitir que las expectativas eran muy altas. Y en nuestro caso las cumplió sobradamente.

Aunque el centro es relativamente pequeño y son accesibles a pie la mayoría de lugares de interés, Estambul es una megalópolis de tales dimensiones que volviendo en coche desde Ankara recorrimos casi 30 km para llegar al centro. Y no vamos a resistirnos a la tentación de caer en el tópico de decir que "no en vano es la única ciudad del mundo situada en dos continentes (Asia y Europa)". Hala. Es lo que hay.

El centro de la ciudad (al menos el centro turístico) es el barrio de Sultanahmet, situado en una península rodeada por el mar de Mármara al sur, el estrecho del Bósforo al este y el Cuerno de Oro al norte. De todos los sitios donde hemos estado, es el lugar que en menos espacio alberga la mayor colección de maravillas históricas. Todo lo que vamos a mostrar en esta entrada, y la mayoría de lo de la segunda parte, se encuentra en este barrio, a pocos minutos andando uno de otro.

Aunque es difícil ordenarlas por importancia, quizá la más espectacular sea la Iglesia de Santa Sofía. Inaugurada por el emperador Justiniano en el año 537, es una obra maestra del arte bizantino. Como buenos herederos del arte romano, los bizantinos crearon una auténtica maravilla de la ingeniería.


A mediados del siglo XV, cuando los otomanos conquistaron definitivamente Estambul, conviertieron la catedral en una mezquita. Su aspecto original lo podéis ver aquí.

Durante casi 1000 años fue la mayor catedral del mundo (hasta la construcción en 1520 de la Catedral de Sevilla).

Los mosaicos que conserva la iglesia son impresionantes. Este, llamado Deësis, perteneciente al siglo XIII, está considerado una de las cumbres del arte bizantino.

Separada de Santa Sofía por una zona ajardinada se encuentra la hermosa mezquita que el sultán Ahmed I mandó construir como contrapartida islámica en el siglo XVI, la Mezquita Azul. Es la primera mezquita de Tuquía, y recibe ese nombre por los 21.043 azulejos azules de Izmir (Esmirna) que decoran su interior.

El número de alminares está relacionado con la importancia de quién mandara construir la mezquita, y de hecho sólo podían tener cuatro o más de ellos las mezquitas encargadas por el sultán. Esta es la única de Estambul que tiene seis.

La concurrida plaza entre Santa Sofía y la Mezquita Azul es un buen sitio para descansar tomando una taza de té de los puestos cercanos.

Aunque bellamente decorada, soporta el peso de su gran cúpula por cuatro gigantescas columnas de pata de elefante, lo que le da un aspecto menos grácil que su vecina Santa Sofía a pesar de ser casi un milenio más moderna.

El palacio Topkapi fue mandado construir en el siglo XV por el sultán Mehmed II tras conquistar Estambul para los otomanos. Fue la residencia de los sultanes durante los siguientes cuatrocientos años, y se convertió en un icono del lujo y la belleza misteriosa de esta civilización oriental.

Este monumental complejo, conocido también como el Palacio del Serrallo, ha sido inmortalizado en todas las artes (óperas, novelas...). En los distintos edificios que lo componen, rodeados de bellos jardines, se han instalado múltiples exposiciones relacionadas con la vida y el funcionamiento en el palacio, con lo que una visita exhaustiva puede requerir casi un día completo.

El complejo palaciego se encuentra sobre una colina que domina la entrada al Estrecho del Bósforo.

La restauración de los edificios aún no está terminada, pero el sitio es espectacular.

La zona más visitada es la correspondiente al Harem. Resulta muy interesante una guía que explique los pormenores de su organización, una auténtica mini sociedad dentro de la corte.


Con el objetivo de asegurarse una buena provisión de agua durante posibles asedios, los bizantinos construyeron hasta 60 cisternas por toda Constantinopla. Cerca de Santa Sofía se encuentra la conocida como Cisterna de la Basílica, la mayor de todas ellas.

Fue construida en el año 532, usando 336 columnas provenientes de diversos templos paganos de Anatolia, y ocupa una superficie de 10.000 metros cuadrados.

Como curiosidad, la cisterna es unode los escenarios donde transcurre la película de James Bond Desde Rusia con amor.

Con 8 metros de altura, tiene capacidad para 30 millones de litros.

En un extremo hay dos capiteles con forma de cabeza de Medusa en extrañas posiciones. Al parecer no está claro quién las puso allí ni porqué las colocó invertidas o de lado.

Al lado de la Mezquita Azul están los restos del Hipódromo. El origen de este circuito de carreras de caballos se remonta a los primeros años de la ciudad, cuando era conocida como Bizancio. Construido en el año 203 por el emperador Septimio Severo, sería Constantino el Grande quien, en su empeño por engrandecer la ciudad al trasladar el gobierno a la misma un siglo después, lo modificó hasta dotarle de 450 metros de largo y 130 de ancho. Llegó a tener capacidad para 100.000 personas.

Actualmente el hipódromo no está apenas excavado. A lo largo de su recorrido hay un paseo en el que se pueden apreciar restos griegos, egipcios y romanos.

Uno de ellos es el Obelisco de Tutmosis III. Traído por Constantino en el año 390 desde Egipto para decorar el Hipódromo, fue colocado en el interior del circuito. Hecho de granito rosa, se erigía originalmente en el Templo de Karnak en Luxor, donde lo mandó colocar Tutmosis III en el año 1490 antes de Cristo.


A pesar de tener 3.500 años de antigüedad, su estado de conservación es excelente.

La Iglesia de Santa Irene, en los exteriores del Palacio Topkapi, fue la primera iglesia jamás construida en Constantinopla. Mandada edificar por Constantino I en el siglo IV, fue la sede del Patriarcado hasta la finalización de la cercana Santa Sofía.

Aunque ha sido restaurada y ampliada en varias ocasiones, tiene la particularidad de no haber sido nunca convertida en mezquita por los musulmanes, siendo la única iglesia bizantina de la ciudad que tiene su atrio original. El interior, abierto actualmente como museo, está decorado con frescos y mosaicos del siglo VIII encargados por Constantino V.

Al parecer el interior es muy interesante, pero después de una mañana entera pateando el Palacio de Topkapi puede ser una decisión difícil...